En octubre de 2025 escribí que el hábito importa más que el software. La primera mitad de esa frase la sigo creyendo. La segunda terminó convertida en Scratchpad.
El texto era Documenting the Mess (en inglés), en mi blog, y el consejo era sencillo. Escribe mientras todavía duele. Guarda los intentos fallidos, los correos furiosos de clientes que cancelan, las capturas de pantalla feas y las ideas de las 2 de la mañana.
Les decía a todos que usaran lo que ya tuvieran abierto. En mi caso, Apple Notes.
Un año después, he escrito todos los días, sin falta.
Casi todo terminó publicado en ese blog y en DailyTips.Dev, donde escribo sobre cómo crear productos y software. Mis dos boletines de fotografía, DailyPhotoTips y TheDailyPreset, se quedaron con el resto, y lo que sobró vive en un montón de notas privadas que nadie va a leer jamás.
También pasé buena parte de ese año creando una app de notas, entre otras cosas.
Algo raro para alguien que de verdad cree que el software no importa, así que quise entender qué había pasado.
Una confesión
Visto en retrospectiva, Documenting the Mess era sobre todo una confesión.
Cuando dejo de escribir, las cosas se descomponen de una forma muy particular.
Cuando dejo de escribir, las cosas se descomponen de una forma muy particular.
Una decisión que tomé en marzo la vuelvo a tomar en septiembre, pero al revés, y las dos veces completamente convencido.
Y una idea que estaba seguro de que iba a recordar, simplemente se esfuma. Solo me queda la sensación de que ahí había algo.
Escribir es lo único que he encontrado que lo evita.
Hay gente que necesita una agenda por la misma razón. Sin ella los días pasan igual, solo que te pasan por encima.
Olvidar y cargar
Cuando me senté a preguntarme por qué necesito esto, la primera respuesta fue obvia. Se me olvidan las cosas. A todos, y más rápido de lo que creemos.
Hermann Ebbinghaus lo midió en carne propia (en inglés) en la década de 1880: memorizaba listas de sílabas sin sentido y comprobaba cuántas le quedaban. En un día había olvidado casi todo. Lo que aprendí el martes pasado sobre por qué falló un deploy no va a seguir ahí dentro de seis meses, por mucho que me haya dolido en su momento.
Además, mi memoria edita. Cuando algo sale bien, mi cerebro reescribe la historia sin hacer ruido para que parezca que yo lo sabía desde el principio. La nota que escribí en pleno desastre es el único testigo que no está en el complot.
La segunda respuesta tardó más en aparecer. Cargo con las cosas.
Un pensamiento sin cerrar te sigue tocando el hombro, casi siempre en la regadera o a la 1 de la mañana.
En 2011, los psicólogos E.J. Masicampo y Roy Baumeister descubrieron (en inglés) que hacer un plan concreto para una meta pendiente bastaba para callar esos pensamientos insistentes, aun antes de cumplirla. Escribirlo es ese plan. Una vez que está en la página, me doy permiso de soltarlo.
Así que diría que escribir es mi manera de no perder las cosas sin tener que cargarlas en la cabeza.
Cambió el ritmo
Hace un año construía a velocidad humana. Decidía algo, lo consultaba con la almohada y lo hacía la semana siguiente. Entre pensar y hacer había suficiente distancia como para que algo se quedara grabado solo.
Ya no trabajo así.
Lo conté en Judgment Bottleneck (en inglés). La IA me hace más rápido casi todos los días, y ahora la parte lenta es mi propio criterio.
Lo que no dije en ese texto es lo que la velocidad le hace a la memoria.
Cuando una función pasa de idea a producción en una tarde, nada alcanza a asentarse. Tomo una docena de decisiones antes de la cena, todas razonables en su momento, y para el viernes ya no sabría explicarte por qué la mitad salió como salió.
Git guarda cada cambio que hice, cada uno con un mensaje de una línea que casi nunca dice por qué.
Entre más rápido construyo, más necesito escribir.
Mis notas son el único lugar donde sobreviven esos porqués.
Ya escribí que mi pensamiento ocurre de verdad cuando escribo, en Unwritten Ideas Don’t Count (en inglés). Esta es la otra mitad de esa idea: hasta lo que pienso bien se evapora si no aterriza en algún lado.
El software importaba más de lo que dije
Aquí es donde me equivoqué.
«El hábito importa más que el software» es cierto el primer día. Si tienes que elegir entre escribir hoy en una app mediocre o pasarte tres semanas buscando la app perfecta, escribe hoy. Se lo seguiría diciendo a cualquiera.
Después de unos meses de notas, lo difícil es encontrar las cosas.
Después de unos meses tienes cientos de notas, y lo difícil es encontrar las cosas.
Las notas que más importan suelen ser las que escribiste a las carreras, con media frase y un PDF que alguien te mandó.
Y justo esas son las que una app de notas común y corriente peor te devuelve.
Lo que necesitaba resultó ser una lista corta.
- Una búsqueda que lo lea todo. La cita que busco casi siempre está en el PDF, y el error, en la captura de pantalla. Si la búsqueda solo lee lo que escribí, se le escapa casi todo lo que guardé.
- Todas las versiones guardadas. Una nota que cambia durante meses es el registro de cómo fue cambiando lo que pienso. Sobrescribirla destruye justo eso de lo que hablaba Documenting the Mess.
- Voz que se vuelve texto. La mitad de mis mejores ideas llegan cuando tengo las manos ocupadas. Una nota de voz en la que no puedo buscar es una nota de voz que nunca voy a volver a escuchar.
- Un solo lugar tranquilo. Quería un lugar rápido donde dejar una idea antes de que se escape, sin tener que configurar nada primero.
Nada del otro mundo.
Solo que no encontraba todo eso junto en algo que se sintiera tranquilo, así que lo hice yo.
Diseñar para uno, otra vez
Escribí sobre cómo pasa esto en Designing for One (en inglés).
Scratchpad empezó como una herramienta para una sola persona. Corría en mi propio servidor y hacía las cosas en el orden en que yo las iba necesitando.
Luego mi familia quiso usarla, y después algunos amigos.
Al poco tiempo ya estaba escribiendo pantallas vacías y páginas de ayuda para desconocidos, que es justo el trabajo del que advierte ese texto.
Diseñar para uno se siente como saltarse el trabajo difícil de diseño. En realidad solo estás pidiendo un préstamo sobre él, y la empatía se cobra con intereses.
La diferencia esta vez es que sabía que ese segundo trabajo iba a llegar, y lo quería. Una app de notas que solo le funciona a quien la hizo no le sirve de mucho a nadie más.
Esta semana por fin pasé mis viejas notas de Apple Notes, con todas sus imágenes y grabaciones adentro.
Para mí, así se cierra el círculo. La app que recomendaba hace un año es ahora la app desde la que importo.
Lo que anoto ahora
La lista original sigue vigente. Sigo anotando decisiones técnicas, intentos fallidos, críticas duras y las cifras que me hicieron cambiar de rumbo.
Un año de hacerlo le sumó algunas cosas.
- Anoto el porqué. «Pasé la cola a SQLite» no sirve de nada en seis meses. «Pasé la cola a SQLite porque Redis era una cosa más que cuidar en un servidor que ya me toca cuidar» es una decisión que puedo volver a revisar.
- Guardo lo que casi hice. La opción que descarté suele servir más después que la que elegí, porque es la que me va a volver a tentar.
- Apunto lo que le dije a la gente. Las promesas a clientes y los precios que di tarde o temprano regresan, y regresan con fecha.
- Agrego cómo me sentí. Basta una línea, sobre lanzar algo o verlo fallar. Seis meses después, esa línea explica más que el registro de cambios.
Casi todo está mal escrito, y ya no me importa.
Un lugar donde aterrizar
El titular de la página de inicio de Scratchpad dice que tu próxima gran idea necesita un lugar donde aterrizar. Escribí esa frase pensando en la app. Resulta que también es la respuesta más honesta que tengo a por qué escribo.
Las ideas no esperan a que estés listo. Las mías llegan a mitad de un deploy o cuando saco a pasear al perro.
Si no tienen dónde quedarse, simplemente pasan de largo.
Si no tienen dónde quedarse, simplemente pasan de largo, y te queda la vaga sensación de que alguna vez tuviste una buena.
Escribir es como las atrapo, y como las vuelvo a encontrar después.
Hace un año dije que empezaras esta misma noche, y lo sigo diciendo. Abre lo que tengas a la mano y anota eso que te tiene inquieto del proyecto en el que estás trabajando ahora.
Si le sigues, en algún momento te va a importar mucho más dónde vive todo eso.
A mí me pasó.